Constancia de la Mora, reconstruida

Título original: Connie, al fin, reconstruida. Reseña del libro de Soledad Fox Maura: Constancia de la Mora. Esplendor y sombra de una vida española del siglo XXPublicado en Libertad Digital, 18-09-2008.

La última reedición de la traducción al español de la presunta autobiografía de Constancia de la Mora, Doble esplendor, está teniendo un éxito considerable. Apareció en la editorial Gadir, con un prólogo de circunstancias de su primo el exministro de Cultura español y novelista, en noviembre de 2004, se reeditó dos meses después y por las librerías anda, desde este mayo, la cuarta.

Esta considerable masa de lectores, muy superior a los que la leyeron en las anteriores ediciones de 1944 y 1977, están de enhorabuena, ya que acaba de publicarse la traducción de la biografía de Constancia de la Mora que, fruto de una concienzuda tarea investigadora, publicó Soledad Fox Maura hace dos años, en el centenario del nacimiento de su, tal vez, pariente.

Poco se sabía de esta mujer, aparte de lo que cuenta en su único libro y de los testimonios, adversos y entusiastas, de los que la trataron, sobre todo en su etapa al frente de la Oficina de Prensa Extranjera de la República. El libro de Fox ilumina sobre todo las andanzas del personaje en los diez últimos años de su vida, primero en Nueva York y luego en México, de los que apenas se sabía nada.

Nacida en 1906, nieta de Antonio Maura, fue una mujer singular en una familia abundante en personalidades curiosas. Recibió la educación típica de la época y de su condición, salvo los años adolescentes que pasó en un colegio religioso de Cambridge, claves, en parte, de su posterior relevancia, ya que allí aprendió el inglés con el que tan útil sería. Tras un temprano y alocado matrimonio con un señorito malagueño, con el que tuvo a su única hija, Luli, se divorció en 1931, estrenando, como quien dice, la ley republicana. Volvió a casarse con Ignacio Hidalgo de Cisneros, un alavés, aviador militar, de prosapia y porte tan aristocráticos como corto de patrimonio y republicano de corazón. En la guerra se hizo comunista (como su mujer) y llegó a jefe de la aviación del ejército republicano. Connie, como la bautizaron en su primera estancia británica y le llamaban sus amigos, alcanzó su momento estelar durante la guerra al ocupar la dirección de la Oficina de Prensa, donde se apoyaba a los periodistas acreditados y se controlaba, se censuraba, lo que enviaban a sus medios.

El final de la guerra le pilló en Nueva York, adonde había sido enviada por el Gobierno de Negrín como propagandista, aprovechando las buena relaciones que había hecho con escritores y periodistas norteamericanos que habían precisado de sus servicios en España. Allí fue recibida y apoyada en el cumplimiento de su misión por el lobby pro-republicano, formado por las diversas asociaciones de ayuda y el grupo de escritores, periodistas y notables diversos: Jay Allen, en primer lugar, Hemingway, Paul Elliot Paul, etc., que tenían como cabeza honorífica a Eleanor Roosevelt. Fue presentada a la primera dama a las pocas semanas de llegar a NY, iniciando así una amistad que duró dos años. Vivió primero en casa de uno de estos notables, Martha Dodd, una pija izquierdista colaboradora de los servicios soviéticos. Con ellas vivieron también una temporada Tina Modotti, la señora de Vidali, e Irene Falcón, la secretaria de la Pasionaria. Luego se trasladó a casa de Jay Allen, para poner en marcha la idea que éste había tenido y que se materializaría en In place of splendor, que llegó a las librerías en noviembre del 39.

La revelación más memorable es acerca de la autoría real de su único libro. Dice Fox: “Parece bastante incongruente que pudiera haber escrito un libro muy bien elaborado en un inglés preciso, atractivo y de ritmo rápido. Sin mencionar que las 426 páginas fueron escritas a una velocidad impresionante en tan sólo unos meses”. Ninguno de sus críticos se preguntó, que se sepa, cómo había sido posible aquel libro cuando Connie no había escrito nada antes ni en español y su inglés lo había aprendido en los tres años pasados en el colegio de Cambridge (UK). Hay dos teorías, según la autora. Una de ellas es la autoría múltiple, sin precisar quiénes y en qué grado. La otra, de la que nos convence Fox, es que una escritora experimentada le dio la forma final al libro, haciéndolo atractivo, con objeto de influir en la opinión de los lectores norteamericanos a favor de la causa de los republicanos españoles exiliados.

Fox presenta indicios más que suficientes para afirmar que Ruth McKenney, en cuya casa de Connecticut se alojó De la Mora en el verano del 39, fue el negro de Connie. Ruth McKenney escribía para el New Yorker, entre otros medios, había tenido varios éxitos editoriales, publicados por la misma editorial en la que apareció el libro de Connie, y su fama se prolongaría al servir de argumento de obras en escenarios y pantallas. Por entonces militaba en el partido comunista de los USA. No obstante, quizá ambas teorías sean compatibles. Doble esplendor contiene análisis históricos elaborados que se intercalan entre largos episodios anecdóticos y abundancia de precisos datos circunstanciales, lo que señala la intervención de un experto bien documentado. Allen lo era, como sabemos por Preston, así como que Southworth ya colaboraba con Allen. También sabemos que ni el uno ni el otro eran de pluma fácil. McKenney guardó silencio y nadie volvió a acordarse de ella. Constancia de la Mora pudo llegar a creer que ella había sido la autora del libro.

Otra asunto sobre el que llama la atención la autora es la corrección política de su libro, tanto por ofrecer la versión ortodoxa negrinista como por ocultar la condición de militante de Constancia, que se presentaba como una republicana pura. In place of splendor tuvo mucho éxito, gracias a la cobertura que le dio el lobby pro-republicano. Connie, a punto de convertirse en una celebridad, se fue a México con su marido. Allí leyó las primeras críticas adversas, que denunciaban su comunismo y su complicidad en los diversos casos de desaparecidos ilustres: Robles, Nin, etcétera.

Su traducción al español, Doble esplendor, apareció cinco años después en México, donde había fijado su residencia. Fue demorando la vuelta a los Estados Unidos, donde era solicitada para aprovechar el éxito del libro en reuniones a favor de la causa, se enfadó con Allen y con parte del lobby al tratar de conducirlo por la senda marcada por el partido. También Eleanor rompió con ella al enterarse de que era comunista. Hemingway llegó a decirle a Allen: “Estoy hasta el culo (lo poco que me queda) de Constancia”. En México, aunque ganó dinero con su libro y nunca le faltó el apoyo económico de la familia, trabajó en la embajada soviética, entre otras actividades pintorescas. En 1941 se separó de su marido y en 1946 se reencontró con su hija, a la que había enviado a la URSS casi diez años antes. Falleció en enero de 1950 en un accidente de carretera cerca de Panajachel, Guatemala. Los comunistas la despidieron como si siguiera siendo uno de los suyos. Hidalgo de Cisneros se enteró de su muerte en Varsovia, donde residía entonces. En 1962 publicará en Hungría sus memorias, Cambio de rumbo, en las que dedica escaso espacio a la que fue su mujer. Nada se sabe del negro de Hidalgo.

Este de Soledad Fox es un libro honesto, trabajado a conciencia, que profundiza en territorios poco conocidos, como el del lobby pro-republicano neoyorquino y el del exilio que recaló allí y en México, así como el papel de los comunistas en los años previos a la entrada de los USA en la guerra. Con él nos hacemos una idea más precisa de Constancia de la Mora, cercana y lejana de la protagonista de Doble esplendor. También es un libro brillante, como destaca el prologuista, Paul Preston, aunque choca la manera elusiva en que se refiere a las revelaciones de Fox, él que tanto sabe de la vida de Allen, entre otros muchos. Por lo que escribe el otro presentador, Álvarez Junco, se diría que no ha leído el libro. Al margen de alguna que otra errata, se echa a faltar un índice onomástico, incomprensible omisión.

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