Caridad Mercader, en Muy

Apareció en el mismo número de Muy Historia de 2009 que la semblanza de Durán. 

En la primavera de 1941, Mijail Kalinin, presidente del Soviet Supremo de la URSS, condecoró a Caridad Mercader con la orden de Lenin, máxima distinción de la patria del socialismo. Sus méritos eran haber parido al verdugo de Trotsky y haber estado cerca de él hasta el instante mismo de ser detenido por la policía mexicana. La tarde del 20 de agosto de 1940, estaba en un coche, aparcado cerca del escenario del crimen, junto  a Leonid Eitingon, al mando de la operación. Cuando escucharon las sirenas, supieron que algo había fallado. Por la mañana, abandonaron el país azteca. Su hijo pasó veinte años en una cárcel del  Distrito Federal.

Caridad usaba el mismo apellido que su hijo porque cambió el suyo, del Río, por el de su marido, con el que se había casado en 1908, al poco de terminar el bachillerato en los Sagrados Corazones. Había nacido en  Santiago de Cuba en 1892, donde su padre se dedicaba al azúcar. Su familia procedía de Santander, pero eligieron Barcelona para instalarse en España. En 1911 tuvo a su primer hijo, Pablo; en 1913, a Jaime Ramón,  el héroe de la familia; les siguieron Jorge y Montserrat. Su último hijo llegó más tarde, en 1923. Se ha dicho que su padre pudo haber sido Eitingon, pero sin fundamento.

La vida del matrimonio transcurrió en el contexto barcelonés de los Mercader, acaudalados industriales textiles, hasta la muerte del patriarca en 1921. En poco tiempo, el heredero llevó la empresa a la ruina y se marchó a la Argentina, dejando a sus hermanos sin fortuna y sin trabajo. El matrimonio dejó el burgués San Gervasio por las populares Ramblas. El marido se puso a trabajar de contable y ella dando clases. Hizo nuevas amistades, anarquistas, comenzó su metamorfosis y se fue metiendo en líos de gravedad creciente.

Por la represalias de una de estas acciones, y tras haber sido desheredada por su padre, en 1924 abandonó el domicilio familiar con sus cinco hijos y se fue a Francia. Allí profundizó en su compromiso político, se hizo socialista y acabó comunista. En 1928, la visitó en Burdeos su marido, que volvió a Barcelona con los tres hijos pequeños. Caridad y Ramón regresaron a Barcelona en 1934. Él había estudiado para maître de hotel y se colocó en el Ritz. Más tarde dio clases de catalán y colaboró en la organización de la Olimpiada Popular como miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas. Ella entretanto se habia hecho profesional de la polìtica. El 18 de julio apareció en la detención del General Goded. Luego marchó al frente de Huesca, donde fue herida, no lejos de donde también lo fue su hijo.

De su prestigio revolucionario se hizo eco el polígrafo revolucionario cubano Juan Marinello, que la conoció en 1937: “Anarquista muchos años, practicadora de la acción directa como única acción, adoradora del atentado y feligrés de la bomba, llegó al marxismo por una lenta y firme convicción. Cuando encontró la verdad, se entró en ella con pasión carnal. (…) Lo que ha hecho esta mujer por la libertad del mundo en tierras españolas no cabría en la más amplia antología del heroísmo.” No está documentada la justificación de tamaño elogio.

En 1938 entró en los servicios secretos soviéticos de la mano de Leonid Eitingon, amigo y colaborador de Pavel Sudoplatov, hombre de confianza de Beria, su superior en Moscú. De entonces datan los planes para asesinar a Trotsky. Su participación en la acción que acabó con la vida del fundador del Ejército Rojo fue la apoteosis de su compromiso. De ello vivió el resto de sus días.

Residió por breve tiempo en la Unión Soviética. Volvió a México en 1945 y no regresó a Moscú. Se instaló en París, donde residió el resto de su vida, cerca de su hijo Jorge, trabajando para la embajada cubana. Justificaba su afición a la capital francesa con cierta gracia: decía que ella servía para destruir el capitalismo, pero no para construir el socialismo. En París murió en 1975, y allí fue enterrada, corriendo con los gastos la embajada de la URSS.

 Su hijo en acción

En 1938, Stalin le dijo a Beria que tenía que acabar con Trotsky cuanto antes. Éste encargó el asunto a Sudoplatov, el cual nombró a Eitingon responsable del equipo bien financiado al que se incorporaron los Mercader, madre e hijo.

Ramón fue enviado a París para introducirse en los círculos trotskistas. Apuesto y simpático, haciéndose pasar por belga y rico por su casa, intima con Silvia Ageloff una americana próxima a Trotsky. Por ella pasa a Nueva York, núcleo del apoyo al líder rojo exiliado en México.

La primera intentona fue coordinada por el pintor muralista comunista David Sequeiros, el Coronelazo. Una veintena de policías uniformados asaltaron en mayo de 1940 la residencia que Trotsky había adquirido y blindado en la calle Viena de Coyoacán y dispararon cientos de tiros contra los jóvenes trotskistas que protegían al profeta y a su familia. Hubo muchos destrozos y un herido leve. Luego, hubo un muerto, Robert Sheldon Hart, un guardaespaldas americano que había proporcionado a los asaltantes el plano de la casa. Su muerte fue su recompensa.

Ramón asumió ser el ejecutor. No tardó en ser presentado a su objetivo. Trotsky apreció sus atenciones y sus esfuerzos por aprender. La tarde del 20 de agosto le visitó para que leyera un texto que había escrito. A solas con él en su despacho, mientras leía, le clavó el zapapico en la cabeza. No murió en el acto. Dio un grito horrible y se revolvió contra un Mercader paralizado. Primero los guardaespaldas y luego la policía se ensañaron con él. Trotsky murió al día siguiente.

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Araquistáin 3. Los libros y la familia

El último cargo político que desempeñó Araquistáin fue el de embajador de la República en París. Cuando cayó Largo Caballero en mayo de 1937, dimitió y regresó a Madrid, a su piso de la calle Espalter. En 1938 se instaló en Barcelona tras haber pasado unos meses en Valencia. Durante su estancia en Barcelona, aunque siguió siendo diputado, influyente miembro de la agrupación socialista madrileña y asesor de Largo Caballero, permaneció como éste, desocupado, confinado por el gobierno, en cuarentena política. Largo, desposeído de sus cargos, había empezado a criticar en público la situación, el creciente control comunista del gobierno, pero tuvo que dejar de hacerlo tras ser detenido en Valencia.

En su Historia del pensamiento español contemporáneo chocan las precisiones bibliográficas, excesivas y fuera de lugar, con que Araquistáin salpica sus reflexiones sobre algunos autores. Por la reciente biografía de Fuentes nos enteramos de dónde procede esta erudición. Le introdujo en la alta bibliofilia el más ilustre de estos especialistas, Antonio Palau i Dulcet, durante el año que pasó en Barcelona, el último que vivió en España. A su muerte en 1956 le dedicó un artículo en los Cuadernos para la Libertad de la Cultura. Por los rastros que quedan en su correspondencia, Fuentes cita los pedidos que hace a la librería de Enrique Prieto de Madrid, se deduce que la bibliofilia empezó a convertirse para Araquistáin en una actividad cuasi profesional. Los libros adquiridos en Barcelona consiguió llevárselos consigo a Londres. Es interesante recordar cómo lo consiguió.

El domingo 22 de enero de 1939, las tropas del general Franco habían llegado a Sitges. El gobierno republicano se planteó con urgencia el abandono de Barcelona. La orden fue dada al día siguiente. Zugazagoitia cuenta la dramática escasez de medios de transporte: “Un camión el día 23 de enero tenía un precio exorbitante. Toda la administración estaba de mudanza y los vehículos resultaban insuficientes. En la Jefatura de transportes afirmaban no disponer de uno solo.” (…) “Si los ministros esperan que Transportes Militares les facilite algún vehículo harán mejor pegando fuego a sus departamentos. Ganarán tiempo. El único camión que he pedido para la secretaría general (de Defensa) no me ha sido facilitado”. Muchos archivos ministeriales fueron quemados, otros quedaron abandonados.

La noche del día anterior, varias ambulancias de la Sanidad Militar se habían dirigido hacia la frontera tras recoger su carga en la calle Campo Vidal del barrio barcelonés de Gracia. Pero no eran personas lo que transportaban, sino la biblioteca, los papeles y acaso otras pertenencias de Araquistáin. Las ambulancias -la fuentes hablan de varias, pero no precisan el número- habían sido puestas a su disposición por el jefe de la Sanidad Militar, el compañero Arín, como le llama Largo Caballero. A pesar de la escasez de medios de transporte durante la evacuación de Barcelona, permanecieron varios días dedicadas a la mudanza de don Luis.

Un incómodo testigo, Constancia de la Mora -la nieta comunista de Maura, funcionaria del ministerio de Propaganda y casada con Ignacio Hidalgo de Cisneros, el jefe de la aviación republicana-, las vio aparcadas el 29 de enero delante del ayuntamiento de Cerbére y lo contó en sus memorias Doble esplendor. Este libro, como el Cambio de Rumbo de su marido, son dos testimonios políticos de un estalinismo ruborizante:

“Monsieur Cruzel, el alcalde, nos llevó a su despacho y desde su ventana señaló a varias ambulancias, nuevecitas, pintadas de verde, de la Sanidad Militar del Ejército Republicano.
– ¿Qué hacen ahí? -pregunté extrañada-. Con lo necesarias que serían en el frente y para la evacuación de hospitales.
– ¿Usted qué cree? -me contestó el alcalde con ironía.
– Hay que hacer que regresen a España inmediatamente.
– El 27 de enero llegaron aquí. Hace varios días, como usted ve; pero no traían heridos, ni enfermos, ni mutilados, sino los archivos y otros objetos propiedad del señor Largo Caballero y de don Luis Araquistáin. En alguna de ellas venían cuadros y alfombras (quizá tapices, el libro fue traducido del inglés), pero no hemos querido tocar nada porque en una limousine llegaron al mismo tiempo esos dos “señores” -continuó el alcalde, poniendo énfasis en la última palabra- con la esposa del segundo. Ella no es española, según tengo entendido, ¿no es verdad? Andan buscando la manera de expedir todo a París, por ferrocarril, sin que les cueste dinero y, entretanto, no quieren desocupar las ambulancias”.

De la Mora apostilla: “Sentí vergüenza y una rabia inmensa de que los que tan generosamente entregaron sus vidas en los campos de España hubiesen podido tener confianza alguna vez en aquellos dos hombres y no supe qué contestar. ¡Ambulancias para transportar papeles y alfombras cuando nuestros heridos no podían escapar a la barbarie de los fascistas por falta de ellas!”

Largo Caballero da una versión algo distinta en Mis recuerdos. No parece que las ambulancias transportaran nada suyo. Además de Araquistáin y Largo Caballero, en la caravana iban también otros compañeros de facción, incluido el doctor Arín, con sus familias. Los primeros pasaron la frontera con sus pasaportes diplomáticos. En Cérbere, cuando Constancia de la Mora vio las ambulancias, esperaban a que lo lograra el resto.

Según Fuentes, la carga era fundamentalmente propiedad de Araquistáin. “Unas ambulancias facilitadas por el Jefe de la Sanidad Militar, el doctor Arín, le permiten llevarse su rica biblioteca, que la estancia en Barcelona había acrecentado con obras de notable valor.” La utilización de estos vehículos para la evacuación de su patrimonio particular le merece un juicio menos severo que a Constancia de la Mora: “demuestra hasta qué punto estaba dispuesto a todo con tal de salvar su biblioteca” ¿Qué se llevó Araquistáin de Barcelona en las ambulancias del compañero Arín?

Lo que se sabe es que vendió algunos de los libros en Londres para superar los momentos de mayores dificultades económicas. Según le contó a José Bullejos en 1952, su situación económica “se iba haciendo cada vez más difícil según disminuían los mejores libros de mi biblioteca”. No eran menudencias: un manuscrito de Petrarca fue subastado en Sotheby’s y varios incunables hebreos vendidos al British Museum. Fuentes cuenta que en 1948 recibió de Sothebys 378 libras por la venta de varios ejemplares en una subasta; en 1951, la cantidad es de 903 libras; casi 3.000 en 1952 y más de ochocientas en 1953.

En 1946, proyectó con Luis Quintanilla crear una empresa de compraventa de libros raros y antiguos. Unos años más tarde, su socio es Narcís Andreu i Abelló, que dirigía entonces un banco en Tánger, donde, según lo recuerda Manuel Ortínez, que eludía las limitaciones cambiarias de la época en esa ciudad, vivía en un palacio como un príncipe árabe con sirvientes negros. Andreu, hombre astuto, se encarga de buscar socios capitalistas para la sociedad que proyecta. Pero el negocio no parece que prosperara a esa escala y Araquistáin siguió dedicado al trapicheo.

Además de los libros, también se introdujo en el coleccionismo de cuadros, muebles y cerámicas. A Ginebra trasladó algo de lo que había reunido. Fuentes menciona dos cuadros de Fortuny, un greco, un posible goya, un boceto de Sorolla y un vicente lópez, por el que le ofrecían desde España 50.000 pesetas de 1952.

Su interés llegó a ser tan amplio que le interesaba cualquier obra rara por algún concepto, aunque su campo de especialidad se fue precisando en pintura española contemporánea y libros de los siglos XV y XVI, sobre todo ediciones ilustradas, clásicos franceses del XVII y estudios sobre América. En 1953 compró tres “picassitos” a la galería Gaspar de Barcelona, para los que tenía un americano dispuesto a pagar por ellos 4000 dólares si se le aseguraban la autenticidad. Un detalle más de su capacidad para vivir en la contradicción es la crítica que le merece la especulación con obras de arte y su odio por los marchantes a los que acusa de ser “incubadores de falsos valores”. En 1955, Andreu i Abelló le puso en relación con su primo Juan Abelló, presidente entonces de la Cámara de Comercio de Madrid, al que le vendió, haciéndole precio de amigo, para quedar bien con Andreu, un fortuny por 200.000 francos franceses, que cobraría en París su cuñada, la mujer de Julio Álvarez del Vayo, con quien, al parecer, acababa de reconciliarse tras casi 20 años de odio furibundo.

Cuando se trasladó a Ginebra para vivir con su hijo, el volumen de su biblioteca era tal que se vio obligado a alquilar un local para alojar los libros de menor uso. Al final de su vida, había reunido una biblioteca de 20.000 volúmenes, que Finki, su hijo, pretendió vender, sin éxito, como hemos visto, al estado español.

La familia

“Por aquellos días (…) pasó sobre España una gentil bandada de garzas suizas, tres de las cuales, sin duda las más bellas, se posaron a orillas del Manzanares. (…) estas aves lindas no se posaron en Madrid por confundir el Manzanares con ningún lago de su país; su verdadero motivo era mucho más avizor. La una se casó con Araquistáin, la otra con Vayo y la tercera con Viñuales”. Así comienza Salvador de Madariaga su retrato de Luis Araquistáin. Las hermanas eran de origen ruso y algún autor añade que también judío. Gertrude Graa, a la que llamaban Trudy, se casó con Araquistáin en Londres en 1914.

De los testimonios sobre ella se deduce que era una mujer fuerte, muy fuerte en opinión de algunos, con influencia sobre su marido. Martínez Nadal, que la conoció ya en Londres, dice que era “inteligente, directa, a menudo agresiva. Gozaba ella con el intento de desconcertar a los que sabía o creía eran asustadizos burgueses de derechas”. Según Mariano Ansó, cuando Pío Baroja pasó por la embajada en París, un reproche áspero de Trudy por su apoliticismo fue la causa de que el escritor regresara a España, a la zona nacional, a pesar del susto que le habían dado los requetés en Vera. Trudy murió de leucemia en Londres, en 1942.

El matrimonio tuvo dos hijos. El 18 de julio de 1915 nació Ramón, conocido como Finki (o Fincki, por pinzón, según Madariaga), como le llamaba su madre. A Ramón lo educaron con el Instituto Escuela y estaba matriculado en Medicina en 1936. Su padre consiguió que no fuera al frente aduciendo que desempeñaba tareas para la embajada. En Barcelona trabajó en un hospital. Louis Fisher, el americano periodista, escritor y colaborador de la Komintern  hasta su ruptura tras la guerra de España, lo recuerda en sus memorias haciendo de médico en el hospital donde le acompañó a visitar a varios heridos muy graves.

No acompañó a sus padres a Londres y prefirió marchar a México para proseguir sus estudios de Medicina, que no acabó. En 1946 retornó a Europa y se instaló en París, sin oficio ni beneficio, viviendo de lo que le enviaba su padre. Por mediación de éste consiguió entrar como corrector de pruebas en la Organización Internacional del Trabajo, instalándose definitivamente en Ginebra en 1950. Un poco más tarde su padre abandonó Londres para vivir con su hijo en la ciudad suiza.

La hija, Sonia, era más joven que Ramón, pero no se cita su fecha de nacimiento. Se educó también en la escuela institucionista. Más tarde estudió en Inglaterra en Summerhill, la conocida escuela en la que se ponían en práctica las más avanzadas ideas pedagógicas, con la que permaneció vinculada hasta muy avanzados los años treinta, llegando a ilustrar un libro de Neill, el fundador. Según Martínez Nadal era guapísima, escultural. Con la familia Araquistáin también vivía Amparo Sánchez, hija de un amigo socialista, a la que habían recogido al quedar huérfana. Era “morena encendida, muy guapa y escultural también”.

En el otoño de 1945 Sonia se suicidó arrojándose desde la azotea del edificio de Bayswater en el que residía con su padre y Amparo en Londres. Martínez Nadal, el Gran Simpático de Aquilino Duque en Mano en candela, recuerda cómo unos días antes le había dicho en una recepción en la embajada de Venezuela:

-¿Véis? Nadal sabe lo que fui, soy y seré. Primero, reptil, luego me erguí en cuatro patas y fui gacela, ahora soy mujer. Mañana o pasado volaré. “Se levanta de la silla, me da un beso frío en la boca y atónita, sin mirar, fija sus bellos ojos en el vacío. Sonia está loca.” Se había enamorado de un capitán canadiense que ese domingo tenía que regresar a Alemania. Su padre tenía cita para llevarla al día siguiente al psiquiatra. Pero Sonia se desnudó en la cabina telefónica desde la que había hablado con él, tras asegurarle que en un momento se plantaba en la estación para despedirlo, subió hasta la terraza y se lanzó desde ella. “No preocuparos, que yo ya puedo volar”, fue su despedida.

Gustavo Durán, en Muy

G D, músico, militar y funcionario de la ONU, publicado en Muy (interesante) Historia, 2009

Entre los casos con los que el senador Joseph McCarthy en 1950 confiaba demostrar la penetración comunista en la administración norteamericana, estaba el de Gustavo Durán Martínez, nacido en Barcelona en 1906. En 1951, McCarthy creyó mostrar la prueba irrefutable de su acusación con la portada de una publicación de 1937 en la que aparecía un Durán con uniforme de teniente coronel del Ejército de la República.

Cuando fue acusado por McCarthy, Gustavo Durán era  funcionario de alto nivel de las Naciones Unidas, donde había ingresado en 1946 tras verse obligado a abandonar el Departamento de Estado. En 1942 se había incorporado a la embajada norteamericana en La Habana, tras haber conseguido la ciudadanía en un tiempo record. La recomendación de Ernest Hemingway, fue decisiva para su contratación. Se habían conocido en el París festivo de finales de los años 20. Cuando se volvieron a encontrar en la España en guerra, Hemingway vio en él la encarnación del héroe moderno. Lo puso por escrito en “Por quién doblan las campanas”.

La figura de Durán también había fascinado a otro escritor prestigioso, André Malraux, hasta el punto de convertir su historia en uno de los ejes de su novela, “La Esperanza”, una de las primeras publicadas sobre el conflicto español que dividió al mundo. El Manuel de “La Esperanza” es la recreación malrauxiana de los primeros meses de la guerra de Gustavo Durán contados por él mismo al escritor.

La primera vocación de Gustavo Durán fue la música, mostrando un talento precoz como compositor. Todavía estudiante de piano, hizo amistad con García Lorca y sus amigos de la Residencia.  En 1927, estrenó su ballet Fandango de Candil, compuesto para Antonia Mercé, la Argentina, con decorados y vestuario de Néstor de la Torre, parte de un espectáculo que recorrió diversas ciudades europeas. Con el pintor canario se instaló en París en 1928.

El 18 de julio de 1936, hacía dos años que había regresado a Madrid para trabajar en Phono España como director de doblajes de películas americanas. Con el triunfo del Frente Popular, colaboró con Alberti y León en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Miliciano de primera hora, con los ferroviarios de la UGT se incorporó a un tren blindado que combatió en la sierra. Por sus dotes organizativas fue nombrado mayor del Quinto Regimiento, la organización miliciana del Partido Comunista. En noviembre del 36, se incorpora a la primera Brigada Internacional que defendió el Madrid asediado. En enero se le encomendó el mando de una Brigada. Meses más tarde, una división, desempeñando con brillantez las tareas que se le encomendaron (Jarama, Brunete, Teruel, etc.). Fue herido dos veces y terminó la guerra mandando el XX cuerpo del Ejército de Levante.

Logró abandonar España en el último barco que zarpó del puerto de Gandía, el Galatea, el mismo que trasladó  al coronel Casado. Desde Marsella,  llegaron a Londres. A los pocos meses, conoció a una americana de buena familia, Bontë Crompton, con la que contrajo matrimonio antes de terminar 1939 y con la que tuvo tres hijas. Parece que intentó participar en la guerra mundial y al no conseguirlo, se trasladó con su mujer a los Estados Unidos. A través de la familia de su mujer, Durán llegó a ser recibido por la mujer del presidente Roosevelt. Intentó reorientar su vida como crítico musical y folklorista, trabajando para el Museo de Arte Moderno, donde coincide con su viejo amigo Buñuel.

Como funcionario de las Naciones Unidas hasta su muerte en Creta en 1969, colaboró en la fundación de la Unesco, impulsó la Cepal, fue enviado al Congo en 1960 como autoridad de la misión civil y fue el representante en Atenas de la organización. Hacía planes para su retiro cuando falleció de un ataque cardiaco, siendo enterrado en Creta.

¿Comunista y homosexual?

McCarthy acusaba a Gustavo Durán de haber sido comunista y haber trabajado para el SIM, la policía política, dominada por ellos. Ambas cosas eran ciertas. El fundamento de la acusación era un escrito de Indalecio Prieto donde decía que el verano de 1937, había nombrado a Durán jefe del SIM en Madrid por indicación de Orlov, el jefe de los espías soviéticos. Lo destituyó un mes después, según él, por haber nombrado demasiados comunistas para puestos claves. Durán volvió a su división, y con ella participó en la batalla de Teruel. En los años 50, Prieto mitigó mucho sus afirmaciones para favorecerle la defensa.

En algún momento de la guerra se apartó de sus antiguos camaradas. En Londres le visitó Santiago Álvarez por orden del partido para constatar su desafección. Tampoco atendió las invitaciones de los Alberti y los Neruda para que se uniera a ellos en París, todo lo cual es indicio de su distanciamiento.

También se le acusaba de ser un homosexual de conducta escandalosa. El dossier Durán fue elaborado por servicios españoles en 1946, cuando el departamento de Estado americano, para el que trabajaba Durán en Washington, hizo públicos documentos sobre la colaboración de España y Argentina con los nazis. Ahí se le adjudica el nombre de guerra de El Porcelana, con el que era conocida otra persona. Buñuel, notable homófobo, le dijo a Aub que Durán era el más declarado homosexual de sus amigos. Néstor y él fueron una pareja de hecho durante casi 10 años. Los 30 últimos años de su vida fue un esposo y padre amantísimo. Su última gran amistad le unió al poeta Jaime Gil de Biedma, al que ayudó a superar una de sus profundas depresiones.